Opacidad


Quizás en uno de esos encuentros insospechados podría pasar. Habían rodajas de pepino por todo el suelo y mis pies estaban realmente cansados. Pensaba en el canto matutino y me enfocaba en las simplicidades, todos se habían ido y ahora la esperanza de vida era eterna. 
No encontraba motivos perfectos pero habían cafés, algunos sin azúcar pero acompañados de música lo suficientemente larga para no darse cuenta de lo cargados que estaban los expresos y lo oscuros que habían quedado los machiattos. Volvía la esperanza y el ansia de alcanzar, escapar, recapacitar y huir para regresar. Era un constante ajetreo entre la realidad y lo inconsolable. El viento había soplado ceniza y el silicio estaba regado por toda la habitación. En el Espacio, todos habían derramado perlas y la música era tan insoportable que había desvanecido el tiempo. Yo seguía parada donde siempre, y los veía caminar... los pasantes me generaban mareo pero los textos valían la pena, eran discursos tan increíbles que jamás había escuchado ni leído y sorprendentemente me llevaban a un misterioso encuentro que desencadenaba encanto y tranquilidad. Al fin había algo bueno entre la maleza, y por fin era visible. 

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