Inevitable.

Suicidio.
(Tomó la salida más efectiva y fácil. 
Ese día era como cualquier otro de los que había vivido, no había nada diferente. La enfermedad seguía apoderándose de su vida, las pastillas llenaban el tocador donde todos los días se paraba a arreglar su cabello y a dejar algo de ungüento sobre su piel. 
Había salido y llegaba de un día común y corriente, con expectativas nuevas, ese día quiso cambiar la historia y comenzó a hacerlo sacando adelante aquello que iba en ruinas, su madre bajó desesperada y comenzó a cortar sus alas, una a una la desmenuzó. Jamás se había interesado en sus pensamientos, y una vez más siguió con sus tareas caseras mientras ella se envenenaba y a la par tomaba ron. Un sueño profundo le arrebató la vida en un par de horas. 
Con odio y sin conciencia su padre llegó en la noche a golpearla, pero está vez ella ya no le respondió. Angustiado comenzó a culpar a la mujer que gritaba y pedía auxilio, querían remediarlo y no entendían la decisión de su hija, pero ya era tarde.)

Siempre que llego al mismo punto pienso que si ese día mi papá no hubiera intervenido nada de lo que pasa estaría pasando. ¿Se supone que es la muerte la culpable? ¿Su maldita elección de llevarse a los equivocados?¿No se supone que la resurrección es vida?. En todo este tiempo solo he estado igual, quizá peor, me he enfrentado a unos gigantes peores y ahora me arrastran con más fuerza. ¿Qué se supone que deba hacer ahora? 

Necesito la fuerza que ese demente me dejó, la necesito ahora. La necesitaré el resto de mis días. Ni siquiera tengo motivos para estar así. Es decir, a la larga todo esto sigue igual, solo empeora. De nuevo ansío morir. Y es tan oscuro que siempre me pone en el mismo lugar... desde la última vez era tan claro pero ahora me ofusca tanto, me acobarda. Y ahora la soledad es mayor. La incertidumbre, el dolor. He dejado a todos de nuevo, dejé engañarme otra vez, de mis impulsos, de mi ira, de todo lo que soy y lo que quisiera dejar de ser. La candidez y el esplendor se han ido y no quiero perder la luz y la fuerza que había logrado obtener después de tanto tiempo. Solo escucho el silencio y una nube gris que se posa ante mis ojos, el mismo olor a desesperación y silencio me persiguen. Esta nota no es para nadie, ni para los que están solos, porque jamás ha habido nadie ahí.  Siempre pido al cielo que ese día hubiera sido diferente. Es mejor dejar de ver a alguien para siempre, que tener que verlo sufrir. "Ojalá amanezca muerta", ese pensamiento rondaba todos los días antes del envenenamiento, y ni siquiera el último día de su vida amaneció, fue solo una tarde y un anochecer interminables los que sintieron el último latir, su último suspiro. El mañana jamás volvió a ser, y lo mejor que dejó su muerte fue la paz de todos.  La única persona que vio su cuerpo blanquecino y sin vida dio las mejores palabras aquella vez, ya no hay canciones, solo silencio y sollozos que hablan de alguien que dejó de respirar.

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