Rayo de luna

Y tenía unos zapatos que eran como lunas, no por su luz, sino por su amena compañía. Habían sujetos arrastrándose con ansia de no ser vistos, el barro y el pasto habían cubierto sus desgastadas  botas y hasta estaban entrando por los huecos que se estaban formando en ellas, sus pies tenían callos, y detestaban tener que comer lo mismo todos los días. La vida era un pasar de repetitivas y monótonas situaciones, donde levantaban sus estacas, lanzaban quejumbrosas palabras hacia la brisa helada que día a día los quemaba y se iban a cazar para regalarle sus esfuerzos a otros desagradecidos. Mientras tanto ella miraba el fuego, ese que doraba los masmelos y el mismo que pintaba amaneceres y tardes de arrebol en sus momentos más íntimos y solitarios. Se volvía a encontrar, se miraba en el reflejo del agua cristalina y mientras caminaba sobre las piedras descalza, añoraba tener sus lunas que acompañaban la cuna de su caminar.

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