Intentando llegar al Sol

Ya dejó de importar, esa es mi parte favorita. Comienzo a reencontrarme, y ya no como el ser encubierto de sospechas, sino el bien sabido. 
Porque no importa qué tan ruidosos sean los gritos o que tan largas puedan llegar a ser las noches.  El amor bien recibido también se agota y las ganas de ser, nos alejan de dicho amor. Aún enamorada, de mis tres amores, aunque a ese último le haya dejado de entonar canciones. Enamorada, de la vida, de la miseria, y de las lágrimas que me siguen haciendo ser humana. Enamorada, de la terquedad, de las decisiones rápidas y sobretodo de esas que me hacen voltear a un espejo y darme cuenta que el labial rojo vuelve como un inicio, como un final y como eso que rimaría pero que pocos comprenderían. Side effect, ahí retorna todo, el ciclo imparable y revertido en pasión, dolor, amor no correspondido, perfume de coco y su voz retumbándome en la cabeza el día que volví a actuar por inercia y simple odio hacia él. 
Pero el retorno implica la no desviación, por el contrario exige un curso tranquilo 21:48. Preferiblemente llevarlos contados, porque así nunca perderán su importancia. Amante de muchos pero enamoradiza de sólo unos cuantos. La calle que nos vio nacer ahora sabe que hemos muerto, y que ahora cada quien camina por una senda distinta, él con sus caprichos y yo con mis rebeldías. Por fin dejé de ser lo que tanto odiabas y ahora ya no estás. El cigarrillo lo consumió el asfalto, el café desapareció, las botas se desgastaron y lo único que permanecen son los días grises y lluviosos. Se han atrevido a aparecer sus fantasmas de película de terror, pero a todos los he recibido con la mente abierta ¿No era acaso eso lo que tu ser desesperado ansiaba que hiciese? El camino se quebró y la maldita sala de espera estalló. 

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