Sin aprobación

Siempre hay ayeres que nos gustan más, quizás por sus trasfondos oscuros o tal vez por lo impuros. En realidad el dolor no es tan desagradable como pareciera. Hay días que no duermo, y siempre busco a quién culpar, pensándolo bien, hallo como factor detonante a la probabilidad. Dentro de ese misterio por decidir, soñar, imaginar, creer, fantasear... todo eso que nos hace humanos, que nos hace perder y desentender que solo el aquí y el ahora son nuestra única verdad visible, que quizá nos acompaña. Olvidamos palabras y si decidimos tener memoria selectiva, probablemente hayamos dejado de pensar. Memoria temporal, problemas de la tercera edad y de algunos depresivos empedernidos. Ya no son suficientes los escritos, porque queremos un poco más, más de esa salsa rosa que acompañó otros tiempos, tiempos que eran sanos, bailes repentinos y sonrisas olvidadas. Seduce un poco, cautiva gloriosamente esa sensación de creerlo saber todo, pero nunca "todo" es suficiente. La monotonía ahoga, el silencio acobarda, y la inseguridad ahorca. Solo cierro los ojos y me imagino bailando salsa, una noche acompañada de una luz tenue, en una sala de estar lo suficientemente grande para dos seres que se están amando, el calor de una chimenea y una seguridad finalmente alcanzada... labios rojos, cabello suelto y un caballero desenmascarado.
Esperanza, déjame vivir... déjame soñar y alcanzar esos suspiros imaginados. Déjame ser, déjame seguir pintando, déjame quedarme colgada de aquella nube que me llena de gracia y de lucidez, déjame bailar al compás de esta canción, deslumbra mis ojos y mis sentidos bajo el espléndido mar de los impulsos, pero por nada dejes que me deje llevar por lo vano.

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