Deshilando

Supongo que ha pasado más de un año desde que no sentía que mi corazón se debilitara a causa de un quien. Tengo sentimientos encontrados. Furia, porque todo se nubló. He terminado en una estación desconocida y no encuentro el hilo por donde comencé a tejer...
Murió todo eso por lo que creía que estaba dispuesta a luchar, creció un dolor inigualable y todo dejó de importar.
Me sorprende lo mucho que he atravesado este año y el hecho de que aún siga en pie. Esa violación forzada, la parte donde me sentí tan vulnerada. La mesa de fanfarrones con una Biblia como mediador. La imposición a ella como remedio a un mal que no les pertenecía. La doble moral repugnante en su máximo esplendor, el miedo y la cobardía ahuyentando a seres de luz, un trago amargo que le cambió el destino a quien menos lo esperaba... aún no entiendo cómo terminó esa espantosa situación. Los días eternos que me persiguieron después de eso, el llanto y los gemidos nocturnos que nadie escuchó. La felicidad de volver a casa. Seguidamente cumplir otro de mis más grandes sueños y conocer a Zoé, Rodrigo Guardiola haciendo la fila detrás mío en Cine Tonalá y yo temblorosa y con las manos sudorosas como efecto de los nervios saludándole. Más adelante esa plática con Ángel Mosqueda y mi sonrisa tan real... Ese diez de marzo donde me despedí del que consideré como mi primer amor y único capaz de alcanzar tanto. Tantos recuerdos nublados y luego Andrea Echeverry, qué días más felices. Y más adelante llegando otro hijo de puta bastardo a dañarme. Ese viaje eterno donde no pude negarme a lo que es una realidad invisible.  Lloro de recordarle. Sin fecha el mejor día de todos, su voz algorítmica, proyecciones de un espectro real ante mis ojos. Mi vuelo dentro de cada canción, la realidad casi palpable. La inmortalidad de un souvenir, y donde jamás alguien me pudo haber visto más feliz y dichosa, mis sentidos aliviados, el perdón corroyendo mis adentros, la esperanza no fingida, la libertad, mis ojos enlagunados al tener la aurora boreal aproximándose .Las sonrisas, esos plácidos lugares llenos de aire fresco y mar movedizo. La velada que creí jamás posible, caminando en la playa de Montauk memorando el eterno resplandor de una mente sin recuerdos. El llanto a medianoche causado por los recuerdos angustiosos de esas prisiones sin salida. Haber tenido el privilegio de ver tanta belleza, sobriedad y la plenitud innegable de esas obras que me han hecho ser quien hoy soy. La persistencia de la memoria. Cenizas que no cayeron en tierra ajena. La Llegada Sorpresiva y muerte total. Aquella reivindicación de lo imposible y su fracaso casi instantáneo.

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