Curar enfermedades con remedios inservibles.

   Ella no era lo suficientemente obvia, siempre había tenido ese problema. Bastaba con mirarla para darse cuenta que estaba jodidamente loca. Sólo pasaban los días y nadie lo notaba. 
Llegó el día inesperado y ella sólo sabía dejar amargos tragos, reemplazar buenas por malas memorias, escribir barrabasadas, llorar mares, idealizar y luego romper, enamorarse y negarlo.

Ella no sabia hablar, le costaba aceptar que era todo un fanfarrón idealizado en las pesadillas de su madre y hecho realidad. Quería rodar todo el tiempo, ya había perdido el enfoque. Su compañero y fiel demente había desaparecido. Unos nuevos inventores de felicidad habían llegado para arruinarle la vida, y ella solo suspiraba. Contagiada del mal de ojo, se forzó a seguir en el vaivén de los recuerdos, de la mala racha. Ya nada era lo suficientemente importante para ser contado, el dolor la había consumido. Sus ojos ya no brotaban ese brillo y por supuesto la simpleza se había apoderado de quien era. Volvía a hundirse en ese mar de pesadillas incontrolables y eternas, se soltaba y caía nuevamente. Ese único amante la había abandonado y ya nada era importante.Curaba el hueco de su ausencia, con remedios que no lo hacían.
Embriagarse de él, eso era lo único que ella quería, luego de tanto tiempo - -, seguía deseándole, queriéndole, anhelándole. Llevaba varios días tratando de encontrarlo en otros brazos y no lo lograba, porque no le placía, porque sus días desde que él se fue no volvieron a ser reales, todo le olía a él, a su cabello,  a esa manera excéntrica y única como la miraba. se dijo a sí misma  que iba a recordar ese instante, y así andaba, memorando aquéllos días, esos días que la hacían sentir viva, esos donde ella lucía con esa única sonrisa perspicaz y penetrante, donde su cabello húmedo se conservaba hasta que anochecía, lo recordaba, memoraba aquellos días nebulosos pero reales a su lado.  Corriendo, rogando, suplicando al cielo. Cualquier movimiento, cualquier mirada fatal, pero todo había culminado. Malos entendidos, señales ilegibles. Deseos puros y otros adversos, esa transportación única. Hallazgo de paz, crueldad y maldición. Lo que fuera posible ella daría, sólo encontraba de repente tragos amargos y silencios desgastados.
Su mente recitaba todas las noches la misma oración hasta que creó un nuevo verbo.

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