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A veces lloro en las noches, no sé por qué. Me siento perdida y mi corazón se compunge a menudo. Últimamente siento presión en mi pecho, dolor, angustia... No lo sé. Busco respuestas pero no las hallo, rompo corazones y trato de armar algunos que están irreparables. Pienso en él, lo extraño y vuelvo a donde todo se hundió. Lloro y no lo entiendo. Duele como ese amanecer silencioso. Esa soledad sigue acompañándome. El hecho de querer suicidarme sigue latente pero no encuentro el modo... De otra manera ya hubiera sucedido. Esta cruda realidad me sofoca. No me conozco ni a mí misma. Me odio, me amo. Me gusta, me fastidia. Dolor, desprecio, irritabilidad, desatención. Y no queda nada, vuelvo al mismo punto y retorno, avanzo y de pronto sigue la rola que me calma, yace una benignidad fingida y me abandona. De mi papá ya no sé nada, así como él de mí. Creo que me conoce más mi perro que murió que él, y es doloroso. Me enfurece ver a mami mal, lo odio. Si ella se va, yo me voy con ella... Siempre se lo he dicho. No soportaría un día sin verla, no sentir su piel me derribaría. Quedan ocho días abrumadores aquí, no sé qué tan fuerte vaya a ser el retorno. Por mí me quedaría aquí. Aquí respiro dolor pero pasivamente. Todo es más ligero y se tornan fascinantes los días. Conociéndome no sé qué tanto llegue a cambiar una vez esté en casa. Todo lo he cambiado. Estoy medianamente limpia, hace mucho no fumo, he dejado de beber por largos días y hasta noto un ligero cambio en la figura de mi cuerpo. Ahora bebo más agua, peino mi cabello todos los días, y respiro. Eso es lo que más disfruto hacer por ahora, respirar.

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