7 de septiembre 2015

Supongo que tendré que dejarte como un fantasma; invisible, impalpable y casi inexistente. Porque eso son los fantasmas; espíritus ilusorios. 
 Aunque pensándolo bien, tu para mí, fuiste más que eso. Hoy me voy de un lugar, donde dejo recuerdos y sobretodo una memoria existente de ti. Creería yo, que aquí no solo queda ese 28 de agosto que pasamos juntos, sino cada día que pasó de tu compañía aunque intangible, certera. 
No te abandono, solo nos dejo un rumbo libre, a fin de que algún día volvamos a ser uno mismo. En esto quedó aquel ensueño de un amorío que dejó su candidez alborotada. Sin embargo, te llevo conmigo, de una forma veraz e inolvidable. Dentro de mis actos pilotos, te llevo a ti como uno supremo, porque entregarse en alma y cuerpo requiere de una osadía inmutable y contigo no hubo límites. Me reprimo por el hecho de que probablemente vuelva a mi auto enfrascamiento forzado. Intolero un sin número de cosas y opto por la rebeldía, siendo esta mi salida fija a la libertad absorbida por ademanes acogidos a teorías certeras que me encarcelan. Cierro mis ojos y veo el infinito, tan apacible y acogedor pero tan inalcanzable al mismo tiempo. Cierro los ojos, te veo... 

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