Ya recordé porqué odio las vacaciones.

El hecho de que ellas hagan más notorio la memoria de que estoy sola, que aunque llueva fuerte no hay nadie que venga a abrigarme, si hace sol no hay quien me haga  compañía, en otros tiempos las cosas tenían más sentido, más ganas, menos desdichas y más risas.
Una decisión cambia por completo tu destino, te lanza a un precipicio desconocido y vuelve tu mundo uno más bohemio y tedioso, estaba recuperando los ánimos para salir, vivir, recorrer y hasta componer. Y en un miserable, único, estúpido y a la vez increíble segundo, todo se va esfumando, así como las ventanas empapadas de humo que con la brisa se desvanecen. Oh vida cruel ojalá las cosas fueran tan fáciles y hermosas como los sueños... Con ellos me pierdo y puedo ser yo misma, puedo volar y caminar lento si quiero, parar y comenzar de nuevo para no cansarme. Adorables sueños, queridísimos sueños; qué sería de nuestras vidas sin ellos, que nos impulsan a hacerlos realidad, nos logran dar esperanza y hasta muchas veces nos ayudan a huir de la realidad.

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