Taylor llámame

estaba a punto de cometer un error cuando de pronto se asomó el  rostro de una niña que desangraba bajo la luz del horizonte proveniente de la luna, sus manos traían un vaso lleno de sangre y su mirada reflejaba la mirada de Eduardo, lo cual me llevó a un inconsciente ataque de pánico, las luces no alumbraban igual y mientras ella se acercaba mi corazón se iba consumiendo más y más, mis latidos estaban desapareciendo y mi cara demacrada mostraba el temor que se había apoderado de mí ese día de octubre, por mi mente un sin número de escenas estaban ocurriendo, tantas como las que ni Sthephen se podría imaginar en una de sus noches de fantasía, el reloj dejó de marcar los segundos y ese dolor proveniente de mi pecho se hacía cada vez más fuerte, yo no entendía qué era lo que pasaba... hasta que ella llegó al lugar donde yo me encontraba, un lugar oscuro, mi posición acurrucada mostraba el límite de monstruosidad al que me había llevado tal sensación, la lujuria por querer saber qué pasaba aumentó en segundos, pero así como aumentaba , mis segundos de vida se iban acortando, el momento tomó un rumbo inesperado cuando Eduardo arrojó una piedra a la cabeza de la niña que en mi mente se convirtió en un soplón de cenizas, ya no había respiración, me estaba ahogando y Eduardo me miraba con ansias de querer salvarme, pero ya era tarde  mis manos estaban heladas y mi corazón ya había muerto, escuché a lo lejos una voz que decía: -Esto es sólo un cuento.



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